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Diseñar para una experiencia sensorial confortable
31/3/2025

Contract Workplaces propone una reseña de cómo la relación que tenemos con el entorno puede ser beneficiada en función de nuestros procesos cognitivos y de la percepción del espacio.
El entorno construido influye profundamente en las personas, especialmente en las emociones, la cognición y el comportamiento social. Esto significa que los espacios que habitamos y en los que pasamos gran parte de nuestro tiempo, no son meros contenedores, sino elementos activos que modulan nuestras experiencias. Estas son generadas por una compleja integración de estímulos sensoriales y procesos cognitivos a gran escala.
Sin embargo, la percepción del espacio, como toda experiencia, es subjetiva y, por lo tanto, difícil de medir y evaluar. No obstante, gracias a los avances en ciencia y tecnología (bioinformática, inteligencia artificial, realidad virtual, ciencias cognitivas, neurociencias, etc.) y la colaboración interdisciplinaria, han surgido nuevas herramientas de recopilación de datos y técnicas de medición que ampliaron el conocimiento sobre la interacción entre el hombre y el entorno construido. Este conocimiento es fundamental para el diseño de espacios laborales y comerciales.
La perspectiva cognitiva de la experiencia espacial
Existen espacios en los que nos sentimos inmediatamente cómodos, relajados y seguros, y otros en los que experimentamos incomodidad y malestar. ¿Qué hace que estos entornos sean diferentes? Diversas investigaciones han explorado cómo la psicología, la ciencia cognitiva y la neurociencia pueden mejorar nuestra comprensión de la influencia que el entorno construido tiene en la experiencia espacial. De acuerdo con un estudio de Sussman y Hollander, las personas tenemos sesgos y comportamientos inconscientes que condicionan nuestras respuestas al entorno construido. Entre los más relevantes se encuentran:
Tigmotaxis: es la tendencia de los seres humanos y otros animales a permanecer cerca de los bordes de los espacios. Este comportamiento instintivo (lo observamos a diario en la ocupación de las mesas en restaurantes) puede ser muy útil en el diseño de espacios sociales y circulaciones para promover una experiencia que transmita seguridad y comodidad.
Reconocimiento de patrones: el cerebro humano está orientado predominantemente hacia lo visual, y está programado para reconocer patrones, especialmente rostros. Esta capacidad sugiere lo importante que son el detalle y la diversidad visual en el diseño para crear experiencias memorables.
Simetría bilateral: la preferencia por las formas simétricas está arraigada en nuestra biología. La simetría bilateral en el diseño arquitectónico puede mejorar nuestra experiencia evocando sensaciones de equilibrio y atractivo estético.
Narrativa: los seres humanos estamos condicionados para la narrativa; buscamos conexiones y significado en el entorno. El diseño puede aprovechar esta inclinación incorporando elementos visuales y temáticos que refuercen los valores e identidad de una empresa, creando una experiencia memorable para todos los que ingresan.
Biofilia: según el biólogo evolucionista Edward O. Wilson, los seres humanos tenemos una tendencia innata a conectar con la naturaleza y otros organismos vivos. Esto hace necesario considerar una cantidad de elementos en cada proyecto: el contexto, la orientación, la elección de los materiales, la luz natural, las vistas, las formas y las texturas, los recorridos, los estímulos sensoriales, etc.
Diseñar con los sentidos y las emociones en mente
Los estímulos sensoriales también juegan un papel fundamental en la percepción del espacio, ya que esta información activa redes neuronales relacionadas con las emociones. Por ejemplo, ciertos olores pueden evocar recuerdos y emociones intensas debido a la conexión del olfato con el sistema límbico que regula las emociones.
Esto sucede porque la emoción es un sistema rápido y eficaz para evaluar nuestro entorno que ha evolucionado para generar juicios de valor que nos ayuden a sobrevivir. Es un mecanismo imprescindible que afecta cómo nos sentimos, nos comportamos y pensamos, al mismo tiempo que nos ayuda a tomar decisiones. Un ambiente que evoca emociones positivas, como alegría o calma, puede mejorar el estado de ánimo, la creatividad y el compromiso de las personas. Por el contrario, un espacio que genera emociones negativas como el estrés, la ansiedad o el aburrimiento, afecta negativamente el rendimiento y el bienestar.
Los estímulos sensoriales que influyen en la experiencia emocional del entorno físico son:
Visión: el color y la luz son esenciales para percibir el espacio, pero también afectan el estado emocional y la experiencia de las personas. Los colores cálidos, por ejemplo, pueden estimular y generar excitación, mientras que los fríos inducen calma y serenidad. Y, aunque tradicionalmente el diseño visual está centrado en la apariencia, también puede evocar significado. Los diferentes estilos transmiten señales culturales que ayudan a las personas a generar identificación y sentido de pertenencia.
Oído: a diferencia de la vista, el sonido es un flujo continuo que no podemos interrumpir a voluntad. Es por esto que los sonidos fuertes o constantes pueden provocar falta de concentración, ansiedad y estrés, afectando la calidad de la experiencia. Un buen confort acústico debe proporcionar condiciones apropiadas tanto para la interacción como para la confidencialidad y la concentración.
Tacto: siendo un sentido que recibe información a través del contacto físico, la textura de las superficies aporta una nueva dimensión a la percepción del entorno físico. Así, los materiales naturales tales como el algodón, el cuero y la madera se perciben como cálidos y suaves, ayudando a crear una experiencia relajada. Las superficies pulimentadas tales como la cerámica, el vidrio y los metales se sienten fríos y suelen utilizarse en lugares de paso o muy transitados.
Olfato: los aromas pueden desencadenar emociones y recuerdos poderosos ya que actúan sobre una parte primitiva del nuestro cerebro. Las experiencias que incorporan aromas cuidadosamente seleccionados pueden agregar un matiz adicional, enriquecedor y singular.
Estos nuevos conocimientos muestran que el diseño de los espacios no solo responde a criterios estéticos o funcionales, sino que también tiene un impacto directo en la percepción, la emoción y el bienestar de las personas. Comprender cómo los estímulos sensoriales y los procesos cognitivos influyen en nuestra experiencia del entorno permite crear espacios que favorezcan el confort, la seguridad y la conexión emocional.